jueves, 13 de octubre de 2011

Carta del Arzobispo a los niños


Mis queridos niños: ya estoy aquí. Espero con ilusión el comienzo de Curso para escribiros, como de costumbre.

Cada año tengo una cosa que deciros. La de este año me parece muy importante. Quizá os resulte difícil de creer. Os lo explico.

Siempre nos han enseñado que necesitamos la ayuda del Señor para ser buenos y para alcanzar alguna cosa buena que nos hemos propuesto. Es verdad. Por eso debemos tener confianza con el Señor y rezar todos los días un momentito dándole gracias por todo lo que nos ha dado, y pidiéndole la ayuda que necesitamos.

Pero lo que quería deciros es que también el Señor ha querido necesitaros para llevar a término sus planes en favor de la humanidad. ¿Qué os parece? ¿Verdad que os ha sorprendido?

Estaréis pensando, quizá: ¿y para qué cosa necesita Dios nuestra ayuda ahora, siendo todavía niños? Os necesita para que el viaje que el Papa hizo en verano a Madrid, donde se encontró con jóvenes de todo el mundo, alcance los frutos que se había propuesto.

Esos frutos son, principalmente, que conozcan más y más a Jesucristo; que le quieran; que le sigan; y que así puedan llegar a ser unos jóvenes cristianos, alegres, fuertes y obedientes a lo que Dios les pida. Muy pronto serán mayores y tendrán que responsabilizarse de una familia, de una parte de la sociedad y también de las tareas que les encomiende la Iglesia.

¿No os parece que es muy importante rezar para que los jóvenes lleguen a ser lo que Dios quiere que sean?

¡Qué maravilloso es que el Señor os tenga en cuenta, confíe en vosotros y os confíe el crecimiento cristiano de los jóvenes!

Lo que tenéis que hacer es rezar todos los días un Avemaría a la Santísima Virgen, que es nuestra madre y nos conduce a Jesús. Si me hacéis caso y cumplís lo que os pido, habréis ayudado al Señor.

¿Me permitís que os pida otra cosa? ¿Podéis ofrecer al Señor, por los jóvenes, una obra buena cada día? Supongo que haréis muchas. Pues una hacedla por los jóvenes.

Estoy seguro de que me haréis caso, por eso os doy las gracias.

Sabed que para hacer el bien a los demás no hace falta ser mayores. El Señor ama especialmente a los niños y se fía de vosotros.

Ya me despido. Perdonad si os he cansado. Un beso para cada uno.

+Santiago. Arzobispo de Mérida-Badajoz

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada